“El matadero es el relato que inaugura la
historia de la violencia, de las luchas y las relaciones de poder en nuestra
historia a través de la ficción literaria.
Pero este relato de Esteban Echeverría escrito entre 1838
y 1840 y publicado por Juan María Gutiérrez recién en 1874, comparte con el Facundo
de Sarmiento, más precisamente con la primera página del mismo, el
origen de esta historia de antagonismos. “La
anécdota con la que Sarmiento empieza el Facundo y el relato de Echeverría son
dos versiones (una triunfal, otra paranoica) de una confrontación que ha sido
narrada de distinto modo a lo largo de nuestra literatura por lo menos hasta Borges.”
(1)
“En el relato que inicia esta obra de Sarmiento, un hombre
que se exilia y huye, escribe en francés una consigna política, on ne tue point
les idées —las ideas no se matan—. Este hombre
con el cuerpo marcado por la violencia deja también su marca: escribe para no
ser entendido.
La historia
que cuenta El matadero es como la contracara
atroz del mismo tema. En lugar de huir y de exiliarse, el unitario se acerca a
los suburbios, se interna en territorio enemigo. La violencia de la que Sarmiento
se zafa está puesta ahora en primer plano. Si en el relato que inicia el Facundo
todo el poder está puesto en el uso simbólico del lenguaje extranjero y la
violencia entre los cuerpos es lo que ha quedado atrás, en el cuento de
Echeverría todo está centrado en el cuerpo y el lenguaje (marcado por la
violencia) acompaña y representa los acontecimientos”.(2)
Manipulaciones
III: El banquete es un espectáculo que se quiere como reacción y soporte
posible para El matadero, y de alguna manera, para toda la literatura nacional que ha aportado a esta línea de la narración de la transgresión y “lo plebeyo”, y en donde la relación
de inversión entre lenguaje y cuerpo a la que hice referencia, fue inspiración
y origen de las operaciones asociativas aplicadas al relato de Echeverría para
construir nuestro espectáculo teatral: En primer término, en la pieza
literaria, el relato es llevado por una única voz, el narrador, que organiza y
construye una perspectiva del “matadero a la distancia” que va desde lo más
genérico al comienzo, hasta el detalle más singular a medida que avanza el
mismo, en un movimiento que, al concluir en una acción colmada de sentido, le
va otorgando todas sus significaciones. En la obra, a pesar mantener la misma
ideología e intenciones desde donde se narra la pieza original, atomizamos este
relato en las voces de los varios personajes y dejamos que los mismos pierdan
–violentamente- la distancia con los hechos narrados, a diferencia de la que
conserva el autor.
En
segundo lugar, en el cuento, el espacio de la acción es el matadero, geografía
de la violencia y de la transgresión de la ley, en donde el lenguaje y las
acciones de los “bárbaros” acompañan y completan esa espacialidad. En nuestra
puesta, el relato es el mismo y, por supuesto, describe la misma geografía,
pero el espacio ficcional donde se re-inserta, es el comedor de la casa de una
familia de alta alcurnia, en la afueras de Buenos Aires.
Por
ultimo, podemos señalar que si en el relato de Echeverría es la figura del
“unitario”, del “cajetilla”, la que se adentra en el territorio hostil de sus
enemigos sociales y políticos, en nuestra versión, es el criado de la casa, que
ocupa aquí el lugar ideológico que en el relato corresponde al de los
“federales”, quien hace lo propio en el espacio social de los que estarían más cerca
de la ideología “unitaria”.
Ahora,
estas inversiones de número, de espacio y de roles sociales, que por un lado
responden a una arbitrariedad creativa, determinan una relación de dependencia
entre los signos opuestos que diluye la idea de antinomias ideológicas y
plantea un problema semántico a la visión original de Sarmiento y a todo lo que
su pensamiento representó en su momento y representa aún hasta nuestros días:
No es civilización O barbarie. No hay
disyunción, hay conjunción: civilización
Y barbarie. Barbarie en la civilización. Lo “civilizado” reprime lo
“bárbaro” para constituirse y produce como consecuencia, en el plano social, la
violencia política de parte de quienes ostentan una ley implícita que marca que
sólo una clase es la que tiene el derecho al poder y al gozo. La irrupción de la
acción de “lo otro” –barbarie, inmigrantes, cabezas, gronchaje, lumpenaje– en
todos los estamentos de la sociedad, será, por lo tanto, un acto subversivo (no
civilizado) para esta clase que se arrogado y se arroga el dominio y el poder
de este país desde los tiempos de su fundación.
Diego Starosta
Buenos Aires, julio de 2012
(1) Piglia,
Ricardo.; La Argentina en pedazos, Bs. As., Ed. De la Urraca / Colección Fierro.
(2)
Ibid.
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